Opinión

Desenterrando la memoria del activismo feminista en internet (I/II)

Itandehui Reyes-Díaz  
@itadelcielo
Y ando cayendo ya, encallándome en mi
propia guerra civil como Lisístrata,
sin más que decir, que aportar a la causa
(Gata Cattana)

Con el auge de las redes sociales corporativas hay una sensación de desmemoria sobre los esfuerzos de mujeres y otras identidades aliadas en la construcción de una Internet antipatriarcal y antijerárquica. Si bien el uso masivo de Facebook y Twitter ha sido, en un primer momento, estratégico para la circulación y amplificación de acciones colectivas en el reciente flujo de movilización feminista, desde hace años las ancestras de Internet activista, como Margarita Padilla, han insistido sobre los riesgos de centralizar la energía activista virtual en las redes sociales privativas, como Whatsapp, Facebook o Instagram –las tres de la misma corporación.

Por ese motivo, hago un brevísimo recorrido de los esfuerzos que han venido realizando cientos de mujeres desde hace por lo menos tres décadas para contribuir a la despatriarcalización, descolonización  y comunalización de la red de redes.

De la internet anónima a la Web 2.0

En los años 90, desde la contracultura informática se pensaba que Internet era un lugar horizontal, seguro y anónimo, donde podría circular contrainformación sin ninguna restricción. Para entonces, una utopía que se concretó fue la conformación de una red global de contrainformación para circular las noticias producidas por las organizaciones civiles. En 1999 se fundó la red de Centros de Medios Independientes (Indymedia), cuya misión era que cada ciudad tuviera un sitio web donde autopublicar información relativa a las luchas por justicia global y en la medida de la posible un espacio físico de trabajo, en la fundación de esos más de 150 CMI’s, donde participaron activamente compañeras técnicas, reporteras, periodistas comunitarias y acompañantes de procesos organizativos. Desde ese momento ya se daba por hecho que los nodos de red compartían una visión declaradamente antipatriarcal, antijerárquica y tendencialmente horizontal.

A principios del siglo XXI, con el auge de la Web 2.0, el espacio de publicación en la red fue técnicamente más accesible para público no especializado. El espacio virtual fue transformándose con rapidez: de ser una comunidad con nicknames misteriosos a el “yo” individual como centro con los blogs, las historias personales, las fotos, las mascotas propias y los hobbies. Por otro lado, el auge de los blogs y la autopublicación permitió la colaboración creativa y el crecimiento de redes entre mujeres en lugares geográficamente alejados.

El ciberfeminismo

Simultáneamente, como si se tratara de una trayectoria paralela a la historia principal, diversas activistas feministas principalmente ligadas al arte contemporáneo de los países del norte, empezaron a habitar Internet como un espacio público de intervención. El ciberfeminismo agrietó prácticas e infraestructuras profundamente androcéntricas: las estrategias iban desde reimaginar lo femenino en el llamado “ciberespacio”, hasta producción de videojuegos con heroínas, manifiestos, videos, html e instalaciones virtuales.

Compartir es bueno y la ética hacker*

Con el auge de la producción de contenidos en internet y la circulación de ellos sin restricciones, el asunto de la propiedad intelectual y autoría en la creación digital fue cada vez más problemático. El movimiento de la cultura libre, el software libre y el open source (código abierto), principalmente de geografías europeas, desnuda las contradicciones de la autoría individual en un mundo cada vez más desigual y privativo, pero que paradójicamente necesita cada vez más de la cooperación. Banners para defender la libertad de internet circulaban las websites activistas de entonces, alegando la legitimidad de las licencias que permiten la replicación de las creaciones y la mejora, no sólo de contenidos para la web, sino de la música, la literatura, la carpintería, la arquitectura o la cocina. Alrededor del año 2000, Teresa Malina Torrent escribió el manifiesto compartir es bueno y dejó claro que en aquellos movimientos tecnopolíticos la participación de las mujeres ha sido fundamental. ¿No les parece el espíritu de la ética del compartir, hasta cierto punto, antipatriarcal?

Un internet feminista

A mediados de la década de los 2000, algunas organizaciones no gubernamentales habían estado trabajando en proveer acceso a telecomunicaciones, principalmente en países no privilegiados, como es el caso de La Neta, coordinado por la compañera Olinca Marino. Con el auge de la fibra óptica e inversiones corporativas en infraestructura, los pequeños proveedores fueron desapareciendo y las organizaciones de este perfil se enfocaron al diagnóstico y monitoreo de las políticas informáticas en países del Sur, principalmente.

Una organización clave para el sostenimiento de una perspectiva feminista en el acceso a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC’s), fue la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), quien hasta la fecha lleva a cabo discusiones internacionales sobre gobernanza de internet (quién manda en la red, cómo se regula la infraestructura), promueve la utilización del software libre y trabaja en el cruce entre derechos humanos de las mujeres y la capacitación de mujeres técnicas. Ha impulsado la campaña de Dominemos las TICs, y 16 días contra la violencia contra las mujeres.

El nodo de mujeres de APC, GenderIt tiene un amplio repositorio documentado para seguir un análisis feminista de internet y proponen principios feministas de internet donde la agencia de las mujeres es prioritaria. Uno de los principios se refiere específicamente a los “contenidos ofensivos” y, lejos de una postura prohibicionista, el análisis rechaza el vínculo directo entre el consumo de contenidos pornográficos y la violencia contra las mujeres y reivindica la creación de contenido erótico alternativo “que se oponga a la visión patriarcal dominante y que coloque en el centro los deseos de las mujeres y las personas queer”.

* El término hackear en la cultura popular se utiliza para señalar una intrusión no autorizada en algún sistema para extraer información o mejorar su seguridad. Si bien el termino hacker viene del mundo informático, la ética hacker se refiere a un espíritu donde la destreza técnica sobre un área permite promover cambios o mejoras a la manera en que opera un procedimiento. Existen hackers en la cocina, el derecho, la ecología, la costura, la carpintería, la reparación de objetos. La cultura hacker se desarrolla gracias a comunidades de autoaprendizaje donde quedan a disposición las “fuentes”, es decir archivos o manuales donde se transparenta cómo funciona un procedimiento o lógica. Una hacker en informática no necesariamente pretende destruir al sistema o disolverlo, sino entenderlo para contribuir con modificaciones y perfeccionar su funcionamiento en cuestión de seguridad o usabilidad. Para referirse a la intrusión no autorizada se sugiere usar la palabra crackear.
Violencia en línea y autocuidado

Las activistas sostienen que el acoso en línea tiene impactos tan dañinos como el acoso presencial, GenderIt desde hace diez años hace énfasis en ello: “los ataques, amenazas, intimidación y vigilancia que experimentan las mujeres y las personas queer son reales, dañinos y alarmantes, y son parte del problema más amplio de la violencia basada en el género. Es nuestra responsabilidad colectiva abordar y terminar con dicha violencia.”

Infografía de Gender IT.

En los últimos tres años, numerosas organizaciones civiles y colectivas mediáticas feministas se han centrado en trabajar el tema de violencia digital; dada la multiplicación de contenido y la recombinación de pensamiento feminista, los ataques por grupos de haters o posiblemente fundamentalistas religiosos hacia las activistas feministas es cada vez más frecuente. La web se ha vuelto un territorio minado donde es relativamente fácil dar con la identidad individual de las activistas. Las redes sociales corporativas aparecen como lugares de vulnerabilidad y exposición, aún cuando se ha demostrado que los algoritmos no amplían la difusión más allá de las ya convencidas, su uso sigue siendo estratégico para la convocatoria feminista.

La llamada violencia digital también proviene gran parte de exparejas que exhibe contenido erótico de compañeras como forma de humillación pública. En México recientemente se aprobó la Ley Olimpia de nivel federal y está en discusión para que los congresos de cada entidad la adapten.

Aquí algunos de los materiales elaboradoras recientemente para el autocuidado digital:

Hacktivismo feminista

Dejar fuera al hackfeminismo sería totalmente faltó de memoria, este movimiento ocupa en la genealogía de Internet feminista un papel fundamental y poco conocido. El hacktivismo feminista retoma el espíritu hacker y la ética del software libre para intervenir también los mandatos de género en el mundo de la tecnología informática y más allá de ella.

Ha quedado muy enterrada la historia de iniciativas autónomas que contribuyeron al movimiento hacktivista en geografías mexicanas. Servidores autónomos como espora.org, que impulsa la corresponsabilidad de la infraestructura web y ha sido impulsada desde su fundación por mujeres artistas y activistas. Así como el Rancho electrónico, espacio hasta la fecha vivo y coleando, sostenido por una colectividad mixta pero con amplia participación femenina y no binaria.

Recientemente, el manifiesto por algoritmias hackfeminista nos llama a recordar que todavía Internet es un territorio en disputa y cómo la tríada cuerpo-territorio-algoritmo devela que los afectos y la relaciones siguen apuntalado la imaginación, para erosionar el patriarcado colonial capitalista que también habita en la Internet:

«Nunca más mandatos de comportamiento sobre cómo presentarse, reaccionar, responder y narrar. Queremos cuerpos que disfruten, no que se carcoman de ansiedad».

En este esfuerzo de nombrar algunas experiencias de feministas en internet quedan fuera muchísimos proyectos actuales, en la próxima entrega seguiré con el ejercicio de memoria feminista del tiempo presente.

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