Opinión,  Primera

Discriminación contra mujeres afrodescendientes en México

Por Jazmín Ramos

En México viven 2.5 millones de personas afrodescendientes, de las cuales el 50.4% es mujer, de acuerdo con el Censo 2020, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). A pesar de que la población afrodescendiente tiene presencia en el país desde inicios de la colonización, sobre todo en estados como Guerrero, Oaxaca y Baja California Sur, fue hasta 2015 durante la encuesta intercensal que se empezó a contar a este grupo.

¿A qué se debe la invisibilización de la población afro? Las respuestas son variadas, pero la principal es bastante simple: sufre discriminación y es segregada dentro de sus propios ámbitos de acción, a muchas personas afrodescendientes se les niega el acceso a sus derechos básicos o deben vivir haciendo trabajos que son considerados suyos (labores del campo, cuidado de animales, elaboración de queso, etc.), sin permitirles mejorar su situación económica.

Pero dentro del grupo de personas afrodescendientes, también hay quienes viven una mayor discriminación: las mujeres, personas de disidencias sexuales y quienes viven en grupos indígenas, un 7% de los 2.5 millones. Ejemplo de ello es que, según el perfil sociodemográfico de la población afrodescendiente en México (2017), el índice de analfabetismo en población afrodescendiente es mucho mayor al presentado en otras poblaciones del país y esa brecha es aún más amplia entre mujeres y hombres de la comunidad. El intercenso del 2015 muestra que el 68.1% de mujeres afrodescendientes se dedican a labores del hogar y solo el 20.5% tiene acceso a algún tipo de alfabetización.

Estas cifras muestran una realidad alarmante, pues a pesar de que los índices de alfabetización en mujeres han ido aumentando a lo largo del país, este no es el caso de las mujeres afrodescendientes. En 2018, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) realizó una Encuesta Nacional sobre Discriminación y en ella se observó que gran parte de la población en México sigue rechazando la idea de que exista una población afromexicana. Algunos prestadores de servicios expresaron que no aceptarían rentar un espacio a personas afrodescendientes y, 32.8% de las mujeres afrodescendientes expresaron haber sufrido de discriminación, además de habérseles negado acceso a derechos básicos, como educación, salud o trabajo.

Mara Viveros Vigoya, en su texto La sexualización de la raza y la racialización de la sexualidad en el contexto latinoamericano actual [1], nos recuerda una realidad muy cruda, en esto de las políticas sociales, uno se encuentra en un escalón más bajo si no es blanco, en otro más bajo si no es varón, en uno más bajo si no es adinerado y así, las mujeres negras, migrantes y pobres no tienen forma de ser representadas. Por supuesto, estos escalones siguen en picada cuando pensamos en la población afromexicana; por ejemplo, una mujer trans negra indígena.

Infografía del Inegi.

¿Qué pasa si a la condición étnica y de género se le agrega la de migración? En un análisis hecho por el Instituto Para las Mujeres en la Migración (IMUMI) se puede observar cómo la discriminación contra las mujeres afrodescendientes migrantes ha aumentado y no sólo las vulnera a ellas, sino también a sus hijas e hijos con quienes viajan. De acuerdo con IMUMI, las mujeres migrantes comparten espacios de violencia no solo entre sus pares migrantes, sino entre habitantes de las localidades que los albergan y, por supuesto, por parte de las propias autoridades, quienes no solo las violentan física y sexualmente, sino que les impiden encontrar soluciones a su situación política dentro del país.

Esta situación cobra especial relevancia si se toma en cuenta que cada año cientos de personas africanas, de todas edades, viajan a través de Sudamérica y llegan a Tapachula, Chiapas, donde permanecen como refugiadas en busca de una oportunidad de pasar a los Estados Unidos y, en ocasiones, se quedan a vivir en las comunidades afromexicanas cercanas. Aquellas que son detenidas deben esperar encerradas en las estaciones migratorias, a que su situación en el país se resuelva, mientras sufren maltrato por parte de las autoridades (en sus palabras) sólo por ser negras.

Los medios de comunicación, por su parte, no están haciendo su trabajo para que las personas afrodescendientes en territorio mexicano vivan sin discriminación. Pensemos en la cantidad de series y películas que giran en torno a mujeres negras que han alcanzado el éxito, a quienes se les pinta como “la pobrecita que logró su sueño en un mundo blanco y que ahora es reconocida”. Esto se traduce en dos situaciones: la primera es que las mujeres negras siempre parten de la pobreza, porque no pueden tener otra vida que no sea la de servidoras; la segunda es que son casos de éxito, siendo tratadas como aquel caso único que no se repetirá. La imagen, entonces, sigue siendo totalmente discriminatoria, pues no se les respeta como personas capaces de acceder a todo lo que la raza blanca sí.

Los problemas de representación convergen en situaciones discriminatorias incluso dentro de los mismos grupos afrodescendientes, pero no les prestamos la atención requerida. Audre Lorde, en el año 1970, expresaría “¿qué hacen ustedes con el hecho de que las mujeres que limpian sus casas y cuidan a sus hijos mientras ustedes asisten a conferencias sobre la teoría feminista son, en su mayoría, pobres, y mujeres tercermundistas? ¿Cuál es la teoría tras el feminismo racista?”.

Todo lo anterior se traspola a una sola situación: la falta de representación afrodescendiente en ámbitos políticos, sociales y mediáticos en México, sobre todo de mujeres, lleva a una constante discriminación. Ante esto no queda más que hacer una lucha desde los distintos ámbitos y frentes para que se reconozca a las mujeres afrodescendientes, sus derechos humanos y sus aportes a esta sociedad. Esto sería sólo el principio de un largo camino.


[1] Publicado en: Careaga, Gloria. Memorias del 1er. Encuentro Latinoamericano y del Caribe La sexualidad frente a la sociedad. México, D.F., 2008.

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