Opinión,  Primera

Discusiones en torno a la maternidad

Por Jazmín Ramos
Foto de Flickr José Vicente Jiménez 

Nunca tuve una niñera, dejé de hacer muchas cosas,
dejé de aceptar trabajos para ser una excelente madre, por la culpa.
Los síntomas del arrepentimiento materno son la frustración,
la sensación de que la vida se acaba, el abandono,
el desánimo para desarrollar nuevos proyectos vitales.
Tardé diez años en salir del armario, en asumirme como una
madre arrepentida, porque parecía que era la única, pero no es así.

-Karla Tenorio, creadora del movimiento ‘Madre arrepentida’

Hace ya un par de años me diagnosticaron con cierta enfermedad; los médicos me recetaron varios tratamientos, siempre poniendo especial atención a que en un futuro yo fuera capaz de procrear. De todos modos, yo intentaba dejarles en claro que gestar no estaba en mis planes y, sigo estando segura de ello. Escribo esto porque pareciera que la maternidad es asunto de todos, menos de quienes debe ser: nosotras.

Recuerdo mucho que en la serie The Big Bang Theory, una de las protagonistas, Penny, decide que no desea ser madre, pero sus amigas Amy y Bernadette la presionan para que cambie de opinión. La primera porque quiere que sus hijos e hijas sean amigos y, la segunda, porque en su opinión “ella sí quiere tener hijos, pero todavía no lo sabe”. Al final de la serie, incluso con la personalidad decidida de Penny, los productores decidieron que sería madre y que ella sería feliz con eso.

En mi mente, era sencillo entender a Penny y sus razones, incluso su pareja había aceptado que su amor por ella no estaba condicionado a la procreación, pero por una cuestión de “valores” se decidió cambiar toda la estructura del personaje para hacerla madre y, eso me parecía injusto, al igual que las razones egoístas de sus amigas para presionarla.

Personajes como Christina Yang (en Grey’s Anatomy), expresan bastante bien lo que ocurre en estos casos “yo no odio a los niños, los respeto y creo que deberían tener padres que deseen tenerlos”. Durante la serie, la doctora Yang se sometió a dos abortos y, en ambos casos debió terminar su relación ante la incompatibilidad de ideas existente entre sus ideales y los de sus parejas.

He conocido mujeres que han soñado con ser madres durante toda su vida, la sola idea de ver su vientre crecer les causa mucha ilusión, pero pensar que cada mujer es igual y que cada una será una “buena madre” cuando su bebé nazca, suena descabellado.

Me parece que no se presta la suficiente atención a las maternidades deseadas, a veces se priorizan los deseos de la pareja, la familia e incluso la sociedad por encima de lo que la madre quiere o no vivir. Se nos olvida también que un embarazo no es como lo pintan en los medios; dejando de lado el proceso posterior al parto, las mujeres son susceptibles a diferentes problemáticas durante el embarazo, desde infecciones urinarias, pasando por las náuseas, el dolor de espalda, los cambios hormonales, la hinchazón de pies, etc. Exigir a una mujer pasar por tal proceso sin comprender lo que conlleva está fuera de lugar, por eso considero que solo una mujer puede decidir si está lista o no para ser madre en algún momento de su vida.

Un ejemplo de maternidades deseadas podemos verlo en Friends, donde Rachel decide que tendrá a su bebé estando soltera y cuando Ross sugiere casarse porque “esa es la solución”, ella se ríe, pues sabe que no se aman y que no es necesario casarse para estar segura con su hija. Por su lado, Mónica no puede ser madre debido a cuestiones fisiológicas, pero decide adoptar un bebé para hacer su sueño realidad, ya que ella siempre quiso ser mamá. Phoebe prestó su vientre para que su hermano pudiera ser padre y, aunque deseó quedarse con uno de los bebés, se dio cuenta de que ese no era su momento y, al final de la serie habla con su esposo sobre convertirse en padres.

Es notorio también, que ser mamá en una época como la nuestra es cada vez una opinión menos popular, no solo por la calidad de vida a la que podemos acceder, sino porque hemos aprendido de generaciones anteriores. Ser mamá implica una gran carga no solo individual sino a nivel de grupo y me refiero concretamente a las expectativas socialmente construidas. En Marriage Story (Historia de un matrimonio, en español), la abogada interpretada por la actriz Laura Dern le explica a su clienta lo complicado que será el juicio para ganar la custodia de su hijo, debido a que una madre no tiene permitido ser incompetente:

La gente no acepta a madres que beben mucho vino y gritan a su hijo llamándolo tonto. Lo entiendo, yo también lo hago. Podemos aceptar a un padre imperfecto porque, afrontémoslo, la idea del ‘padre bueno’ fue inventada hace apenas unos 30 años; antes de eso se esperaba que los padres fueran silenciosos, ausentes, poco confiables y egoístas y, podemos decir que todos queríamos que fuera diferente, pero en cierto nivel los aceptábamos.

Los amábamos por sus fallos, pero la gente, absolutamente no acepta esas mismas fallas en una madre. […] Así que tú tienes que ser perfecta y Charlie puede ser un maldito desastre y no importa, a ti siempre te pondrán el listón más alto y es una idiotez, pero es lo que hay.

No importa cuántas veces repitiera aquella escena, todo tenía razón. La imagen de la madre histérica es mucho más frecuente que la del padre histérico, aunque este sí puede estar ausente. El ejemplo que tengo más presente es Lois, de Malcom in the middle, siempre gritando e interrogando a sus hijos; lo terrible es que nadie se detenía a cuestionar el peso que cargaba sobre sus hombros: criar a sus hijos problemáticos, trabajar mucho para intentar pagar las cuentas y los destrozos ocasionados por su propia familia, además de encargarse de las labores del hogar.

Hace unos días escuché a Sofía Niño de Rivera (una gran comediante) hablando sobre maternidad en un podcast. Recuerdo especialmente sus comentarios sobre las exigencias sociales que vienen con la maternidad: las madres deben afrontar problemáticas diarias y además guardar silencio, porque la queja se reprende seriamente. De pronto parecemos olvidar que ser madre no deshumaniza a las mujeres, ellas siguen teniendo sentimientos, problemas físicos y mentales, y deberían tener derecho a decir que están cansadas sin que nadie se los recrimine.

Habla también sobre todo lo que parece estar mal tras convertirse en madre, porque si tu cuerpo se ve fantástico “estás poniendo presión” en otras mujeres, pero si tu cuerpo tiene estrías y no has vuelto a tu peso anterior, a la gente también le molesta porque nadie quiere ver eso en una mujer.

Esta es otra imagen que nos han vendido los medios, en los que una escena después de que una mujer ha dado a luz, ha recuperado completamente su figura y vuelve a la normalidad, como si no hubiese pasado nada. La imagen de una madre cansada, con un cuerpo en proceso de recuperación o compartiendo los cuidados con su pareja no puede venderse, porque se ve mal. Una madre debe ser entregada, incondicional, sacrificarse por sus hijos y jamás decir que no puede, porque su responsabilidad ante los demás es “siempre poder”.

Esos comerciales donde mamá es una superheroína refuerzan el sacrificio en que, como sociedad, obligamos a vivir a las mujeres que deciden ejercer la maternidad. El mito de la madre ha permanecido por demasiados siglos -desde las primeras culturas- y, en estos tiempos, estamos obligados a romperlo, para aquellas que desean ser madre y también para aquellas que hemos decidido no serlo.

Más importante, para que la siguiente cita de María Gabriela Leret, en su artículo El Mito de la maternidad, deje de ser real incluso hoy:

«Desde que la mujer nace, está signada por ese destino inexorable: ser madre. NADA MÁS. Así se ha construido nuestra civilización. La maternidad es la única función que, hasta ahora, se le ha permitido a la mujer. Se la ha rodeado de excelsitud. Se la ha sublimado. Y, también, se la ha sacrificado por ella».

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