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Experiencias masculinas de participación en espacios académicos en torno al papel de los varones en el proyecto feminista: diálogos, retos y dificultades

Dr. Luis Fernando Gutiérrez Domínguez
Profesor-Investigador BUAP
luis.gutierrezd@correo.buap.mx
Fotografía tomada de la bbc 

En ocasión anterior y con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, me referí, entre otros aspectos, a la importancia que, desde las instituciones educativas, particularmente las universidades públicas, se le da en los tiempos recientes a la puesta en marcha de programas dirigidos a la atención y erradicación de formas diversas de violencia de género, las cuales históricamente se han cebado sobre los cuerpos de las mujeres y actualmente sobre las personas asociadas con alguna forma de expresión social caracterizada como femenina.

Asimismo, en ese contexto también señalaba la necesaria participación masculina que, desde una convicción profunda, debe traducirse progresivamente y sin retraso en acciones concretas que sumen al logro de narrativas, pensamientos y prácticas integradoras de relaciones sociales equitativas, justas y democráticas entre las personas, independientemente de sus identidades y orientaciones sexo-genéricas, tal como históricamente lo ha formulado desde su emergencia el proyecto feminista civilizatorio, el cual se difunde y cobra mayor fuerza al paso del tiempo.

Dando continuidad a estas apreciaciones, en el contexto del reto que representa para los hombres convertirnos en sujetos de confianza de las mujeres, me parece importante compartir algunas experiencias desde la mirada de un varón inserto en la vida académica que tiene la oportunidad de interactuar con generaciones de estudiantes jóvenes en el aula de clases, consideraciones derivadas de posicionamientos de jóvenes mujeres feministas ante nuestra presencia en temas vinculados con la violencia de género y de la posible (im)pertinencia de auto-adscribirnos a la genealogía feminista, transformadora de la realidad.

Pienso, a título plenamente personal, en la riqueza intersubjetiva que representa el diálogo entre mujeres y hombres provenientes de situaciones y contextos plurales, constituidos por biografías diversas, la mayor parte de las veces contrastantes, a partir de hechos evidentes y puntuales asociados al poder y la violencia, susceptible de ser punto de inflexión para el aprendizaje de cómo nosotros somos genéricamente significados por ellas y cómo, precisamente a partir del establecimiento de ese diálogo profundo, nos encontraríamos en condiciones de dejar de ser ese genérico desde el que históricamente nos auto-definimos por el poderío.

A ese respecto, vale decir que el feminismo siempre ha promovido mirar críticamente la generalidad y la particularidad del ser mujer/mujeres y ser hombre/hombres, desde una perspectiva que renuncia al etiquetamiento reduccionista que nos ubica cercanas/lejanos a episodios de discriminación, exclusión, opresión, por el hecho de nacer con una biología, sin gradaciones valorativas en el medio, como si no hubiese múltiples posibilidades de configurarnos y, con ello, aceptásemos que solamente se puede ser de una y no de otras maneras. La idea de esencialidad le es ajena a la esfera comprensiva feminista de lo humano.

Así, la experiencia de intercambio de puntos de vista con generaciones jóvenes, imbuidas por la necesidad profunda de la transformación en el ámbito de la vida diaria, que ponen el cuerpo por delante para expresar el dolor, la incomodidad, el enojo, la rabia, ante la ausencia puntual de acciones a nivel institucional, colectivo e individual para erradicar todos los oprobios históricos de los que el genérico femenino sigue siendo objeto, ha supuesto para quien aquí escribe, una llamada de atención inexcusable a repensar las vías de participación de los varones en los diferentes espacios vitales de interacción.

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Desde hace varios años, en el Seminario Permanente de Discusión acerca de la Condición Genérica de los Hombres. Miradas Críticas desde el Feminismo, integrado por colegas de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Autónoma de Tlaxcala, hemos construido un espacio de discusión académica, que recupera reflexiones emplazadas desde diferentes vertientes disciplinarias feministas (filosofía, antropología, sociología, psicología, historia), para entender y poner en marcha formas diferentes del ser varón.

Paralelamente a ello, de manera individual o colectiva, hemos participado en foros de discusión y de compartición de experiencias relativas a la cuestión del género con estudiantes de diferentes carreras universitarias y grados académicos; en esos espacios, se ha dado de manera claramente manifiesta un espíritu de diálogo constructivo, que se ha traducido en fuente de alimentación para el intelecto y la acción cotidiana, a partir de los cuales se ha hecho evidente la necesaria auto-evaluación de lo que implica ser un hombre académico formado feministamente por profesoras feministas. Es en ese contexto que se presenta esta reflexión.

Por segundo año consecutivo, la Coordinación de Seguimiento y Evaluación del Área Interdisciplinaria de la UNAM, a través de la asignatura Violencias contra las mujeres. Genealogías, actualidad y resistencias, nos ha invitado a exponer el tema Condición genérica y socialización de los varones: masculinidad hegemónica, el cual tiene como objetivo: “conocer, identificar y reflexionar crítica y colectivamente las violencias de género, con el fin de comprender su dimensión histórica, el orden del que emanan, los conceptos y categorías que las explican y la diversidad de respuestas sociales e institucionales que han buscado y buscan erradicarla”.

Se trata de un espacio de conocimiento, expresión política e intercambio de experiencias vitales de estudiantes universitarias, resultado del nacimiento a la vida pública en noviembre de 2019, de La colectiva feminista Mujeres Organizadas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en contra de toda forma de violencia contra las mujeres y sus distintas adscripciones sexo-genéricas, así como en favor de la solidaridad feminista. Algunos de sus afluentes se concretan en la inserción transversal de contenidos formativos en la malla curricular de esa entidad, orientados feministamente. Es allí donde toma forma nuestra participación.

Junto con la exposición oral de los temas a despejar, centrados en la descripción e interpretación de conceptualizaciones alrededor de las diversas formas de masculinidad, los pactos patriarcales y los grupos juramentados, así como los mandatos de violación derivados de la estructura sociopolítica patriarcal y androcéntrica, se presentan imágenes que sintetizan expresiones históricas de violencia en contra de las mujeres en campos tan diversos como el arte, la ciencia, la política, la religión, los mitos, el deporte, entre otros. Las imágenes suelen tener efectos inesperados pues detonan emociones profundas en quienes las ven.

Tal fue el curso que tomó nuestra presentación a raíz de las imágenes expuestas. Tuvimos conocimiento de críticas que, centradas fundamentalmente en lo visual, traslucen lo sui generis y fuera de lugar que aún resulta la participación de varones en espacios académicos signados por un carácter feminista en el que se debate el sustrato político de las relaciones sociales de género entre hombres y mujeres, es decir, el ejercicio de la violencia. Pareciera que cuando algunos varones socializamos estos temas en ámbitos del conocimiento crítico, nos interesa su perpetuación. No es así. Sin embargo, debemos poner atención.

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Ha sido una experiencia nutritiva, pues nos ha permitido confirmar por fuentes directas, lo adversa que sigue siendo la vida cotidiana, incluida la que ocurre en las instituciones educativas y al interior de las aulas, para las mujeres y para quienes expresan formas de identidad no adscritas a algún patrón de género convencional. Asimismo, hemos percibido un alto grado de tensión derivado de nuestra participación como expertos en el campo de la violencia, pues para quienes asisten a estos cursos, no resulta clara nuestra presencia, aunque se reconozca como un primer y necesario paso la crítica a la violencia desde los hombres.

Tres dimensiones de reflexión emergen como resultado de las experiencias intersubjetivas referidas: a) en el nivel filosófico, la crítica de las mujeres a la centralidad histórica que los varones hemos ocupado en la definición de lo plenamente humano; b) en el nivel de la abstracción, la necesidad de la formación teórica y su capacidad de comprensión e interpretación de la experiencia humana a lo largo de la historia y; c) en el nivel de la vivencia concreta, la singularidad como se interioriza la genealogía feminista y busca ponerse en marcha desde la condición de género del ser varón.

En términos filosófico-políticos y en su sentido más amplio, la crítica feminista por parte de las mujeres ha desvelado la presencia masculina como una potencia imparable que se auto-valida para perpetuarse. Ello se refleja de manera acertada cuando las estudiantes sospechan de nuestras buenas intenciones ante las violencias de género. En esos términos, una posible pregunta es: ¿de qué manera y bajo qué circunstancias los hombres podemos transformar la masculinidad en algo diferente a lo construido históricamente, independientemente de que esa masculinidad dominante ya no la aceptemos algunos de nosotros?

Con relación al marco de fundamentación conceptual para comprender el ejercicio de la violencia y su indisputable carácter masculino, tal como se desprende de la noción feminista propuesta por Marcela Lagarde (el sincretismo de género), es imperativo no perder de vista que el poder de dominio y el ejercicio de la violencia que lo acompaña, son resultado de un proceso histórico (condición de género) con expresiones singulares (situación de género) que permitirían entender que no todos los varones concretos somos portadores de la violencia, aunque en términos generales, la violencia se adjetive como una propiedad o rasgo de lo masculino.

Finalmente, en el terreno de la experiencia inmediata y cotidiana, al retomar el carácter crítico y constructivista del proyecto civilizatorio feminista, el reto que se nos presenta a los varones reside en el reconocimiento de formas de socialidad que no necesariamente tienen un carácter universal, es decir, que espacios académicos como el referido, se encuentran en una fase de lo experiencial, lo emocional e intra-genérico femenino que, aunque no sea nuestro propósito, con nuestra presencia puede violentar y atentar contra los esfuerzos de constitución de las mujeres como sujetos plenos.

Puede verse el rezago que nos acompaña a algunos varones en materia de reflexión crítica en torno a la cuestión de género y, sobre todo, que no hemos, ni remotamente, iniciado el camino para comprehender el ejercicio de la violencia.

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