Opinión

Feminismo, marchas y prensa

Por Mely Arellano 
Fotografía de Brenda Palacios

En Puebla, la agenda feminista y sus demandas comenzaron a ocupar espacios en los medios de comunicación hace no mucho. La Marcha de las Putas es quizás la más popular de sus manifestaciones y la primera se realizó en 2011. Antes de eso hubo alguna caminata y pequeñas acciones en las que participaba a veces solo una veintena de mujeres. 

En aquellos inicios la estrategia era pura creatividad. La idea era que la gente tomara conciencia de lo que estaba pasando, incidir en las conversaciones, llamar la atención del Congreso, de las autoridades y sí, también de los medios: recurríamos a elaborados performances que denunciaban todos los tipos de violencia, la estigmatización y la opresión patriarcal contra las mujeres.  

Pero la violencia de género comenzó a escalar y el movimiento feminista también creció. Ya no somos 20 mujeres protestando en un parque o marchando en la banqueta, sino cientos tomando las calles.

Ahora, aunque sigue habiendo performances, la marcha en sí es lo suficientemente poderosa para atraer la atención. Mujeres haciendo lo que pocas veces hacen -o hacían-: alzar la voz y protestar por y para ellas, por sus derechos, por su vida. 

Las marchas son, también, momentos íntimos aun a pesar de ser públicos, mujeres que caminan juntas sin conocerse, que gritan consignas, bailan, se sonríen, que usan minifalda sin miedo a nada, que se quitan la blusa, que usan pasamontaña o pañuelos verdes, porque la marcha es un lugar seguro, es un lugar nuestro.   

Y sí, la marcha además es furia. Furia por tener miedo, por ganar menos, porque nos tocan, nos dicen putas, nos ignoran, porque nos niegan nuestros derechos, porque nos obligan a ser madres, porque nos maltratan al parir. Furia porque nos matan, los hombres nos matan, los hombres que dicen amarnos nos matan. Furia porque a nadie le importa, por el Estado omiso, el Congreso pusilánime, los medios cómplices. 

Y esa furia sale de nosotras en muchas formas. Dejamos de ser mujeres que marchan en silencio y de blanco, eso ya lo intentamos y no funcionó. Así que salimos de colores, haciendo ruido, dejando huella de nuestro paso en glitter rosa y aerosol morado o verde, desafiando los buenos modales y la cordura, mancillando con desprecio lo más sagrado para nuestras sociedades cultas, devotas y democráticas: sus paredes.

A veces, de hecho, solo se habla de eso después de las marchas. A las portadas de los medios no llegan los nombres de todas las muertas, ni el número de carpetas de investigación que acumulan la indiferencia; sino las imágenes de los edificios, el lamento agrio, las voces que se conduelen porque no protestamos como la gente decente, porque no presentamos la denuncia, agotamos la instancias, aceptamos la injusticia como Dios manda.  

Urge que los medios conozcan y comprendan los motivos del movimiento, que al menos intenten hacer otro tipo de coberturas, con otros puntos de vista, perspectiva de género. Pero esto no depende exclusivamente de una orden de información, sino también de la práctica en la calle.

La relación de la prensa con el movimiento feminista es un tema pendiente para abordarse en conversatorios y talleres, pero mientras eso sucede sugiero a las y los colegas que van a cubrir la marcha del 8M las siguientes acciones:  

  • Identifícate, porta un gafete o un distintivo visible de tu medio; si eres freelance, puedes llevar algo que diga “Prensa”. 
  • Si alguna persona te pide que dejes de grabar o tomar fotos, ¡deja de grabar o tomar fotos! 
  • No te concentres solo en la manera de protestar, sino en el motivo de la protesta.
  • No estigmatices, discrimines o criminalices a las personas que marchan

¡Necesitamos un periodismo respetuoso de los derechos humanos!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *