Opinión

Hablemos de la desaparición de mujeres

Por: Samantha Páez Guzmán
Fotografía: Brenda Palacios Salazar 

(SEGUNDA DE DOS PARTES)

De la publicación de la primera parte de esta columna -hace quince días- al día de hoy, han desaparecido por lo menos seis mujeres en Puebla, sobre todo adolescentes. ¿Se dan cuenta de la magnitud del problema? Son tres jóvenes por semana las que han desaparecido de acuerdo con notas informativas, y a saber cuántas más no se reportaron en los medios de comunicación.

La desaparición de niñas, adolescentes y mujeres no es un tema menor, es algo muy grave y delicado. Tan es así que fue uno de los motivos por los cuales se solicitó una segunda Alerta por Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) para Puebla.

Por eso es importante que los medios de comunicación informemos sobre la desaparición de mujeres, pero hagámoslo bien. Entonces -como se los prometí- en esta segunda parte habrá consejos de buenas prácticas periodísticas para cubrir la desaparición de mujeres.

Quisiera empezar con una reflexión muy prudente que hizo Javier Darío Restrepo en su Consultorio ético: empezar a preguntarnos ¿entrevistaríamos, fotografiaríamos o grabaríamos a nuestra propia familia si una hermana, hija o sobrina desapareciera? ¿Permitiríamos que alguien ajeno invadiera nuestra privacidad en un momento así? ¿En qué circunstancias nos sentiríamos con comodidad para hablar?

Bueno pues esas mismas preguntas debemos tenerlas presentes cuando nos acerquemos a las familias de las mujeres, niñas o adolescentes desaparecidas.

También hablé con Daniela Rea, integrante de Periodistas de a Pie y directora del documental “No sucumbió la eternidad”, que aborda el tema de la desaparición, para que nos cuente cómo hacer una cobertura ética sobre el tema de la desaparición.

Lo primero que recomendó Daniela es darle prioridad al testimonio de la familia que está buscando a sus desaparecidas, porque “desde los medios no podemos cometer los mismos errores que comete la autoridad judicial” al cuestionarles o criminalizarles. (Por favor, no repitan la versión oficial si esto revictimiza. Aquí un buen ejemplo de cómo no regarla)

Otra cuestión que le parece importante a Daniela es mencionar por qué una mujer fue desaparecida, sólo si ayuda a trazar líneas de investigación de búsqueda. Nunca plantear esa posibilidad si la va a criminalizar o justificar su desaparición.

Para dejarlo más claro, podemos mencionar que una mujer está desaparecida porque tratantes la privaron de su libertad o porque era una activista crítica de cierto tema; pero no podemos decir que está desaparecida porque se fue a una fiesta o porque se subió al automóvil de un desconocido.

Para Daniela Rea es fundamental el respeto absoluto y honestidad de quienes hacemos periodismo para con las familias a las que entrevistamos. No se les debe mentir, ni generar falsas expectativas.

— Tenemos que tener pactos muy honestos y muy transparentes con los familiares, en el sentido de quiénes somos, cuál es el sentido de ese trabajo y el uso que pudiera tener.

En el contexto de violencia que vivimos en México, Daniela dice que si la familia quiere revelar algún dato que les ponga en riesgo, no debemos publicarlo y, al contrario, alertarles de por qué esa información es delicada.

Por último, pero no menos importante, nos aconseja que se contextualicen las desapariciones.

— Es muy común que cuando una persona es asesinada o desaparecida o torturada siempre se justifique o se criminalice porque ‘en algo andaba’, entonces es importante que cuando narremos una desaparición pongamos en contexto los hechos.

Además de las recomendaciones de Daniela Rea, agregaría que los medios de comunicación deberíamos dar pistas a las familias y a la sociedad en general sobre qué hacer en caso de una desaparición. Informar sobre los protocolos que existen y las instituciones que brindan asesoría o acompañamiento.

El Manual de género para periodistas PNUD nos recuerda que no todas las personas están preparadas para hablar de hechos dolorosos, como es la desaparición de una persona querida, por ello podemos acudir con organizaciones especialistas en temas de género para que nos orienten o vinculen con las familias que sí estén listas para contar su historia.

Algo que hemos visto mucho en el monitoreo diario que hacemos en el Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (OVIGEM), es que no hay seguimiento de los casos. Muy pocas veces sabemos qué le ocurrió a esa joven o niña que era buscada. Así que no soltemos los casos, sigamos en contacto con las familias para contar todo el proceso.

Ya por último les pido con todo mi corazón que corroboren cualquier información antes de publicarla. Y por corroborar me refiero no sólo con las autoridades, sino con la familia y personas cercanas a la mujer desaparecida, porque por publicar primero podemos revictimizar y confundir a quienes leen, ven o escuchan la información.

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