Opinión

Hablemos de la desaparición de mujeres

Por: Samantha Páez Guzmán
Fotografía: Marlene Martínez

(PRIMERA DE DOS PARTES)

Fabiana Rabiella Rivera, de 16 años de edad, estuvo desaparecida cinco días. Su familia sostuvo que el 23 de abril se encaminó hacia la preparatoria Enrique Cabrera, en la ciudad de Puebla, pero nunca llegó. A partir de ese momento la buscaron y hasta el 29 de abril que pudieron localizarla.

Sin embargo, un medio de comunicación radiofónico informó un día después de su desaparición, que Fabiana se había ido de su casa por voluntad propia y ya la había encontrado. Algo que familiares de la joven negaron en ese momento.

Las y los periodistas tenemos una gran responsabilidad al hablar de la desaparición de niñas, adolescentes y mujeres en Puebla, ya que es de los pocos estados donde se reportan más desapariciones de mujeres que de hombres, esto de acuerdo datos de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas (CNB) a junio de 2018.

¿No me creen? Vean la siguiente tabla, hecha con datos del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED) y la CNB.

La desaparición de niñas, adolescentes y mujeres, además, fue uno de los motivos por los cuales la organización Academia, Litigio Estratégico e Incidencia en Derechos Humanos AC solicitó en octubre de 2017 la declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM).

Si se preguntan por qué solicitar la alerta de género por las desapariciones, les paso el siguiente dato: de 2010 a 2018 los casos aumentaron hasta 4 mil veces. Sí, leyeron bien: 4 MIL VECES.

En respuesta a las solicitudes folio 00131316 y 00188619, ésta última realizada por el reportero René Valencia, de El Popular, la Fiscalía poblana informó de las siguientes desapariciones de mujeres:

Observen al inicio de la gráfica el año 2010, las desapariciones de mujeres reportadas a la entonces Procuraduría fueron sólo diez. Para 2018, la Fiscalía recibió 675 reportes de mujeres desaparecidas.

La desaparición de mujeres y niñas, además, puede vincularse con otros delitos como la trata, el feminicidio u otros tipos de violencia.

Así que no se vale publicar: “se fue con el novio”, “anda de loca” o “seguro después regresa”, porque no debemos omitir el contexto: Puebla es el segundo estado con más carpetas de investigación por trata de personas, de 2008 a julio de 2018, y muchas mujeres víctimas de feminicidio antes fueron reportadas como desaparecidas.

Aún si se “fueran con el novio”, no se nos olvide que los tratantes utilizan el engaño y alevosía para hacer creer a las jóvenes que tienen una relación sentimental, cuando el objetivo final es explotarlas sexualmente.

Otra cosa que hemos notado en el Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (OVIGEM), donde realizamos un monitoreo diario de las desapariciones de mujeres reportadas en medios, es que no hay un seguimiento y casi nunca se da voz a las familias.

De enero a abril de este año hubo 34 posibles desapariciones de mujeres reportadas en medios de comunicación, de esos casos sólo en nueve se informó de la localización de la mujer y en siete se refiere a las condiciones en las que regresaron.

La mayoría de notas se centra en denunciar la desaparición tal cual aparece en las fichas de búsqueda de la Fiscalía o las que elaboran personas cercanas a las víctimas. Lo cual no es malo, porque es necesario que la sociedad se movilice para localizarlas, pero tampoco informa de la dimensión del problema y de cuáles son los motivos por los cuales las mujeres “desaparecemos”.

En el OVIGEM leímos, vimos o escuchamos pocas notas donde los medios dieran voz a las familias, en muchas menos recurrieran a especialistas o contextualizaran las desapariciones, es decir, se refirieron a lo que ocurre en el estado o el municipio no sólo sobre la desaparición, sino también respecto a la violencia de género.

Cuando leo todos los días que jóvenes mujeres de 9, 13 o 24 años fueron reportadas como desaparecidas, no dejo de pensar que mis sobrinas, mis primas y mis amigas tienen esa edad. ¿Qué haría si ya no regresan a casa? ¿Cómo me gustaría que se hablara de ellas en los medios de comunicación? Creo que quienes nos dedicamos a informar, debemos hacernos esas preguntas y pensar en la manera que vamos a comunicar un hecho tan doloroso y que, a su vez, es algo sistemático.

Les adelanto: en la segunda entrega de esta columna vamos a hablar de algunas recomendaciones y buenas prácticas para tratar el tema de la desaparición de mujeres con ética y sin violencia.

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