Opinión

Las mujeres migrantes y la pandemia de Covid-19

Por Josefina Manjarrez
Fotografía de Unicef Ecuador.

La pandemia de Covid-19 ha provocado una mayor vulnerabilidad de la población migrante. Las personas que viven en las sociedades de destino enfrentan condiciones precarias a raíz del confinamiento; muchas de ellas han perdido su empleo, su única fuente de subsistencia; quienes aún los conservan siguen realizando trabajos que se consideran esenciales como la agricultura, el transporte, el procesamiento de alimentos, la limpieza y los cuidados, que les expone mayormente al contagio. 

Además, su condición irregular imposibilita que cuenten con seguro médico y les impide solicitar ayuda hospitalaria si llegan a contraer el SARS-COV-2. Esto está sucediendo con migrantes de Latinoamérica en Estados Unidos, especialmente en Nueva York, el epicentro de la pandemia, y que conforman el grupo con más muertos de Covid-19 (después de los afrodescendientes). Tan solo en todo el estado han muerto 448 personas de origen mexicano.

Para las personas refugiadas y desplazadas la situación es desesperada. Dentro de las estaciones migratorias viven condiciones de hacinamiento, falta de medidas sanitarias y de distanciamiento social, no cuentan con personal médico que atiendan su salud. Además, los gobiernos de los países están aprovechando esta situación para deportarles; hombres, niñas y niños, adultos mayores, mujeres, familias completas, han quedado atrapadas en lugares fronterizos debido al cierre de las fronteras. Esto ha ocurrido con migrantes centroamericanos que han sido trasladados a la frontera con Guatemala sin protección algunas o en los cruces fronterizos entre México y Estados Unidos. 

Las personas en tránsito han quedado abandonadas a su suerte y se ven obligadas a permanecer en campamentos improvisados, en centros de acogida o en situación de calle, en donde no se implementan los protocolos sanitarios para protegerles. Por si fuera poco, se enfrentan a la discriminación y la estigmatización porque se fomenta la idea de que son quienes propagan el virus.

Los medios de comunicación han documentado esta terrible situación e, incluso, han dado voz a organismos internacionales, como las Naciones Unidas, que están haciendo un llamado a los gobiernos de países para que tomen medidas que protejan a las personas migrantes del contagio y detengan las deportaciones. Pero si bien ha sido importante denunciar la precaria situación que viven las personas migrantes, los medios siguen invisibilizando las problemáticas propias de las mujeres. 

Diversas investigaciones y diagnóstico elaborados por académicas y organizaciones civiles han documentado la violencia que por razones de género sufren las mujeres migrantes, desde que salen de sus comunidades de origen -muchas veces huyendo de la violencia-, las situaciones que experimentan en el tránsito y en las sociedades de llegada, pero también todos los problemas y situaciones del propio proceso migratorio. Pero ¿qué ha sucedido con las mujeres migrantes durante la pandemia actual?, ¿cuáles son los riesgos que enfrentan las mujeres migrantes por la pandemia de Covid-19?

De acuerdo con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), las mujeres representan el 74% de la industria de servicios, ellas realizan particularmente los trabajos doméstico y de cuidados. El riesgo de movilidad ha puesto en riesgo sus empleos porque no pueden desplazarse; muchas trabajadoras domésticas que viven en sus lugares de trabajo siguen realizando actividades sin recibir remuneración alguna; y -como ya señalé anteriormente- no cuentan con seguridad social, ni seguro médico que les permita tener acceso a la atención en caso de contagio. 

Las mujeres migrantes se encuentran más expuestas a diferentes formas de explotación por estar más aisladas durante el confinamiento; se incrementa la violencia de género porque se quedan en casa con sus agresores; el riesgo de violencia de las mujeres y las niñas es mayor en los centros de detención, albergues o alojamientos temporales; también cargan con el estigma de ser migrantes que pueden portar el virus por su condición de vulnerabilidad; las mujeres migrantes tienen una limitada capacidad para acceder a materiales de protección como mascarillas y gel. Incluso, cuando termine la crisis sanitaria, la situación económica precarizada puede convertirlas en víctimas de explotación sexual. 

Infografía de ONU Mujeres.
¿Cómo proteger a las mujeres migrantes?

La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) hace un llamado para reconocer las desigualdades y mirar desde un enfoque de género y de interseccionalidad, para identificar esas desigualdades y ofrecer una mayor atención y protección. Estas son algunas de sus recomendaciones:

  • Garantizar el acceso a instalaciones seguras que pueden ayudar a disminuir el riesgo de contagio y la violencia de género y sexual.
  • Que los gobiernos proporcionen pagos a la medida y bonos extraordinarios para que las mujeres, particularmente, tengan acceso a prestaciones sin importar su condición migratoria.
  • Proveer de implementos de protección contra el COVID-19 en los centros de atención a migrantes, como mascarillas y gel antibacterial.
  • Solicitar mayores medidas de precaución para las mujeres embarazadas.
  • Buscar canales adecuados para brindar información sobre centros de atención y asistencia a población migrantes en general y mujeres como líneas de atención, instituciones de salud, etc.
  • Asegurar el acceso a servicios de atención sin discriminación.
  • Monitorear la atención no discriminatoria en los diferentes centros de asistencia y en los de salud, de manera particular se debe proteger la confidencialidad en caso de violencia sexual.
  • Facilitar el funcionamiento remoto de servicios, es decir, generar mecanismos virtuales y asistencia telefónica para las necesidades de las mujeres migrantes.

Los medios de comunicación deben sumarse con mayor fuerza a los llamados de los organismos internacionales, las organizaciones civiles y religiosas para proteger a las personas migrantes y en tránsito, especialmente a las niñas y mujeres que por su condición de género son las más vulnerables, y están más expuestas a la violencia sexual y la discriminación ante la pandemia de Covid-19.

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