Opinión

Mujeres con discapacidad y su derecho a la información

¿Cómo conocer si no es a través de nuestros sentidos?,¿Cómo conocer la expresión de los demás a través de los sentidos que no todas y todos percibimos?
Por Raquel Medel Valencia
Fotografía del Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad.

En el desarrollo del ser humano las circunstancias de nuestro entorno son indispensables, pues intervienen en nuestro pensamiento y, por lo consiguiente, en nuestra forma de expresarnos e interactuar con las demás personas. Pero ¿qué pasa cuando esas circunstancias se ven vulneradas para algunas minorías? Desde mi experiencia humana y profesional, puedo asegurar que acceder a la información clara, objetiva y confiable ha sido un camino de preparación, inversión de tiempo y esfuerzo por las condiciones socioculturales de mi entorno y, además, por ser una mujer con discapacidad.

El acceso a la información es parte de nuestro derecho fundamental a la libertad de expresión, reconocido por la Resolución 59 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1946, y por el Artículo 19 que establece la Declaración Universal de Derechos Humanos desde 1948. Por esta razón es necesario establecer mecanismos de comunicación suficientes y aplicables, con un sentido de transversalidad para la inclusión de las poblaciones vulnerables.

En este caso, enfocaremos estas líneas para reflexionar del acceso a la información de las mujeres con discapacidad a través de los medios de comunicación.

Como parteaguas a este tema, es importante señalar que de acuerdo a la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), las personas con discapacidad son aquellas que muestran alguna diversidad funcional de tipo físico, mental, intelectual o sensorial.

Sin embargo, ante un entorno en donde las circunstancias no se adecuan a las necesidades cualitativas y cuantitativas de las personas con discapacidad, se van generando brechas asociadas a las dificultades que tenemos para la participación plena y efectiva en la sociedad, así como la discriminación estructural, que disminuyen o anulan nuestras oportunidades del acceso a una información pronta y confiable.

Adentrándonos al tema del acceso a la información de niñas, adolescentes y mujeres con discapacidad, ya existen avances normativos en el diseño e Implementación de políticas públicas que nacen del Plan Nacional de Desarrollo, donde se incorporaron los principios de equidad, justicia social, igualdad de oportunidades, respeto a la evolución de las facultades de los niños y las niñas con discapacidad y derecho a preservar su identidad. Además, las nuevas tecnologías también han permitido facilitar el acceso para algunas de nosotras.

A pesar de ello, debemos reconocer que aún existen mujeres con discapacidad, rezago educativo, hablantes de otra lengua y en condiciones socioeconómicas vulnerables para las cuales el acceso a las nuevas tecnologías y/o a una educación especial parece inalcanzable.

Si agregamos a estas circunstancias que la discriminación es la célula madre de las desigualdades, mismas que limitan al desarrollo social, económico, educativo, cultural y civil de la humanidad. Y que también limita el flujo de información, la libre decisión y la libertad de expresión con un nivel de consciencia basado en el respeto de los derechos humanos de las mujeres con discapacidad. Los medios de comunicación representan el alcance del pensamiento universal de la humanidad en tiempo real, acceder a la información en tiempo real es también acceder a la libertad.

Hay que entender, además, que la discriminación hacia las mujeres es estructural, misma que nace de una serie de estereotipos de género que han coadyuvado para que hoy en día las mujeres formemos parte de una población con discriminación múltiple. De tal manera que si sumamos las características socioculturales como religión, orientación sexual, origen étnico, discapacidad, marginación y pobreza, entre otras condiciones, podemos vislumbrar que el acceso a la información de las mujeres con discapacidad es limitado por el simple hecho de serlo, obstaculizando su desarrollo social por la falta de información adecuada a sus capacidades en su estructura diaria por cada limitación agregada.

Muestra de ello son las cifras que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer, a través del Comunicado de prensa 638/19, en 2019, donde apunta que de los 115.7 millones de personas de 5 años y más que habitan el país, 7.7 millones (6.7%) son consideradas como población con discapacidad. La distribución por edad y sexo permite identificar cómo se concentra este grupo de población:

  • Las mujeres representan 54.2%, de las cuales sólo el 47.1% asiste a la escuela y el 21.9% es analfabeta.
  • De las mujeres con discapacidad el 27.6% cuenta con educación preescolar, el 21.5% con educación primaria, el 15.1% cuentan con secundaria, el 7.9% cuentan con bachillerato o preparatoria concluida, el 1.3% cuentan carrera técnica y el 4.4% cuentan con estudios profesionales concluidos y algunos con especialidad o más grados académicos.
  • Del total de población con discapacidad, las mujeres concentran más población con esta condición (54.2%) que los hombres (45.8%).

Aunado a esto, los principales ámbitos en donde las personas indígenas y las que tienen alguna discapacidad percibieron haber sido discriminadas en el último año son: los servicios médicos, la calle o transporte público, y en la familia. En tanto que las personas de diversidad religiosa, adultas mayores, jóvenes y mujeres declararon haber vivido discriminación principalmente en la calle o transporte público, el trabajo o escuela y la familia.

Como podemos analizar, las niñas y mujeres con discapacidad padecemos discriminación intersectorial o múltiple, ya que nos ubicamos en el rubro discapacidad, sin advertir que los elementos de género y discapacidad no deben advertirse como aislados, sino que deben asumirse como una integración de factores que discriminan, por ello deben asumirse y abordarse con políticas públicas, de aplicación transversal y conjunta, con el enfoque de género y el enfoque de discapacidad. La importancia de datos estadísticos cuantitativamente fehacientes permitirá fortalecer las políticas públicas existentes.

En concordancia el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, en su Recomendación General No 18, pide a los Estados Partes que incluyan en sus informes periódicos información sobre las mujeres con discapacidad y sobre las medidas adoptadas para hacer frente a su situación particular, incluidas las medidas especiales para que gocen de igualdad de oportunidades en materia de educación y de empleo, servicios de salud y seguridad social y asegurar que puedan participar en todos los aspectos de la vida social y cultural.

Por lo consiguiente, sería imprescindible nutrir los espacios de informativos con datos e información incluyentes, puesto que además de disminuir la discriminación aumentaría el dinamismo social en el intercambio de información y generaría las herramientas adecuadas para el mismo fin.

Para tener éxito hay que tener tres cosas: motivación, decisión y seguridad; la incapacidad más grande está en la mente.

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