Opinión,  Primera

¿Qué hacer desde los medios respecto al trato deshumanizante de las personas con discapacidad?

Por Samantha Páez 
Fotografías de Flickr Fundación Baja y Gobierno Danilo Medina 
De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018, en México existen poco más de 27 millones personas con limitaciones físicas o discapacidad y el 3.4% de ellas tiene problemas emocionales o mentales, por lo tanto, son susceptibles de ingresar a alguna institución pública o privada para su “tratamiento”.

La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad – acuerdo promovido y ratificado por México- establece que es obligación de los Estados parte:

“Asegurar y promover el pleno ejercicio de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas con discapacidad sin discriminación alguna por motivos de discapacidad”.

Sin embargo, el informe “Crímenes de Lesa Humanidad. Décadas de violencia y abuso en las instituciones para Niñas, Niños Adolescentes y Adultos Mayores”, de la organización Disability Rights International (DRI), da cuenta de una serie de abusos, violencias y tratos inhumanos en contra de las personas ingresadas en orfanatos, instituciones psiquiátricas, centros de asistencia social y albergues para personas con discapacidad en todo el país. En resumen:

  • En el 85% de estas instituciones DRI observó o el personal de las instituciones informó sobre el uso de cuartos de aislamiento, sujeciones físicas (ataduras) y/o sujeciones químicas (medicamento para mermar su voluntad).
  • La mayoría de las instituciones visitadas por DRI detienen a personas adultas con discapacidad en contra de su voluntad o sin su consentimiento informado.
  • En la mayoría de estas instituciones, las personas con discapacidad son detenidas indefinidamente, a menudo hasta que mueren.
  • En al menos un tercio de las instituciones (once) DRI encontró trabajos forzados y trata: adultos con discapacidad obligados a trabajar sin compensación.
  • En el 83% de las instituciones para personas con discapacidad en México, DRI encontró condiciones inadecuadas, inhumanas y degradantes, incluyendo condiciones antihigiénicas, falta de privacidad, camas y colchones en mal estado y mala alimentación.
  • En casi todas las instituciones que DRI visitó, las niñas, niños y adolescentes con discapacidad son detenidos indefinidamente y permanecen segregados de la sociedad después de cumplir la mayoría de edad.
  • DRI recibió denuncias de abuso sexual y físico en al menos una cuarta parte de las instituciones visitadas.

En estas condiciones, “no hay ningún tipo de rehabilitación adecuada que se base en evaluaciones individualizadas y pueda ser proporcionada por personal calificado y capacitado”, dice el estudio. Asimismo, la institucionalización genera discapacidad, riesgos a la salud y trauma para las niñas, niños, adolescentes y adultos, quedando expuestos a la violencia, la tortura y a un mayor riesgo de muerte prematura.

Ante esta situación: ¿qué hacer desde los medios respecto al trato deshumanizante de las personas con discapacidad? La Guía de estilo sobre discapacidad para profesionales de los medios de comunicación, nos da algunas pautas:

1. Entender la diferencia entre discapacidad y enfermedad

Estos términos son empleados muchas veces por los medios de comunicación como si fueran sinónimos, sin embargo, esto es un error. Si bien son dos conceptos estrechamente vinculados, se da por sentado que la segunda no es más que una consecuencia de la primera, pero no es una regla y la mayoría de las veces no ocurre así. Por ejemplo, en el caso de las personas que se mencionan en el informe de DRI, habría personas con discapacidad intelectual, pero otras personas con enfermedades como depresión o adicción a las drogas, que pueden llegar a superarse.

2. Evitar la generalización

No todas las personas con discapacidad intelectual son iguales, ni todas las personas con depresión actúan motivadas por las mismas razones, ni todas las personas con trastorno esquizoide tienen los mismos rasgos. Por lo tanto, se debe pensar en esas diferencias y no tratarlas como si estuvieran en las mismas circunstancias.

Respecto a las imágenes, la guía de estilo Cómo abordar la salud mental en los medios de comunicación dice: “la enfermedad mental es invisible, no se percibe físicamente, y emplear como recurso fotografías que reflejan otras discapacidades provoca un desenfoque de la realidad”.

3. Usar el término “inclusión”

Incluir es más que integrar, pues implica respuesta y reciprocidad. “Integración” sugiere que la persona con discapacidad es quien tiene que hacer el esfuerzo por ser uno más, mientras que “inclusión” es un término dinámico que implica que ambas partes, persona con discapacidad y sociedad, actúan para crear un entorno en el que todos quepan y se desarrollen.

Lisbet Brizuela, directora para México de DRI, comentó durante una presentación en la Ibero Puebla que la inclusión sería el primer paso para evitar el trato deshumanizante contra las personas con discapacidad intelectual o social, pues en lugar de segregarlas y excluirlas en instituciones, se buscaría apoyar a las familias para que puedan vivir en comunidad.

4. No vincular discapacidad o enfermedad mental con crimen

Cuando una persona con enfermedad mental protagoniza un acto delictivo, se debe resaltar el carácter insólito del hecho para no transmitir la idea de que la enfermedad mental está asociada a riesgos para quienes conviven con ella, pues según la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad mental no predispone a la violencia.

En ese sentido, la guía de estilo Cómo abordar la salud mental en los medios de comunicación agrega que existe el riesgo de que, desde el prejuicio, se vincule el hecho a una enfermedad mental, lo cual generaría una imagen dañina para las personas con discapacidad o enfermedades mentales y alimentaría creencias falsas.

5. No descontextualizar los términos

Algunos medios aluden al “autismo”, la “sordera” o la “ceguera” de las autoridades o figuras públicas, pero ello da una carga negativa a las personas que tienen esas condiciones y se banaliza su discapacidad. Lo mismo ocurre con las enfermedades mentales, es frecuente encontrar términos médicos como “esquizofrénico”, “depresiva”, “paranoico” o “psicótica” para describir situaciones, en muchas ocasiones con un sesgo negativo.

6. Incluir la perspectiva de género

Las mujeres con discapacidad se enfrentan a una doble discriminación e incluir esta perspectiva ayuda a visibilizar los problemas que enfrenan. Por ejemplo, hay una menor proporción de mujeres en puestos de toma de decisiones dentro de los gobiernos, si agregamos el tema de la discapacidad, es casi nula la representación de mujeres con discapacidad en la función pública.

7. Dar una cobertura transversal

Incluir la discapacidad de manera trasversal en la información de carácter general (empleo, educación, transportes, etc.) ayudará a su normalización.

8. Investigar y no sólo denunciar

El manual Medios de comunicación y discapacidad. Un aporte para la cobertura periodística sobre inclusión social retoma algo muy importante:

“El periodismo de investigación no se restringe a propagar denuncias”.

Si bien es importante visibilizar las violencias o discriminaciones de las que son objeto las personas con discapacidad, también es fundamental investigar los impactos de las políticas públicas en la vida de las personas con discapacidad o si existen organizaciones que den una atención y apoyo eficiente.

Por ejemplo, Lisbet Brizuela de DRI, dijo que una de las causas por las cuales las personas están institucionalizadas (recluidas en instituciones) es la falta de apoyos en la comunidad y eso refuerza el modelo segregador, en ese caso se podría investigar cuánto es el presupuesto para estas instituciones o si hay iniciativas en los Legislativos para cambiar el modelo de atención. 

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