Opinión

¿Qué pasa con niñas y niños en orfandad por feminicidio?

Por Samantha Páez

Hace un mes, más o menos, fui a una graduación de un preescolar aquí en la ciudad de Puebla. De pronto interrumpieron la ceremonia, pasó un niño de playera a rayas y unos pantalones de mezclilla al frente. La directora del preescolar pidió que le aplaudiéramos porque él había estudiado allí, pero no pudo terminar el año en esa escuela por un problema familiar fuerte.

Las personas con las que iba me contaron que su mamá había sido víctima de feminicidio, que regresaba de ir a dejarlo a la escuela cuando un vecino la atacó con un machete. Ella murió a los cuatro días. Recordé el caso, en ese momento sentí un coraje y una tristeza enormes. Me sentí impotente de no poder hacer algo por ese niño y luego me pregunté ¿qué pasaría con él?, ¿qué pasa con quienes quedan en orfandad por feminicidio?

Después este hecho me llevó a otra reflexión ¿cuántos niños, niñas y adolescentes son? Y ¿qué se está haciendo para ayudarles? De momento no hay una respuesta. Nadine Gasman Zylbermann, titular del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), anunció este 5 de agosto que se trabajará con los gobiernos estatales y las fiscalías para generar un registro nacional de víctimas indirectas de feminicidio.

La funcionaria federal calculó que hay aproximadamente 3 mil 200 niñas, niños y adolescentes, que a causa del feminicidio de sus madres necesitan apoyo psicológico y económico. La base de datos, dijo a la Jornada, estará lista para 2020.

Sin embargo, la cifra de Nadine Gasman me parece que se queda corta. Si tomamos en cuenta datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), en México desde 2012 -que se tipificó el feminicidio a nivel nacional- a 2018 fueron asesinadas 20 mil 109 mujeres, que las principales víctimas son mujeres de 15 a 34 años de edad -justo en la edad productiva y reproductiva- y que la tasa de fecundidad es de 2.1 por mujer, la cifra podría ser mayor.

Elaboración propia con datos del INEGI.

En el caso de Puebla tampoco hay datos oficiales de quienes quedaron en orfandad a causa de los feminicidios ocurridos desde 2013 -fecha en que se tipificó el delito en la entidad- a la fecha.

Con el registro hemerográfico que realizamos en el Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (OVIGEM), de enero a julio de 2019 hemos encontrado información sobre 37 niñas, niños y adolescentes en orfandad por posibles casos de feminicidio.

Elaboración propia con información hemerográfica.

De esos casos, sólo se conoce la edad aproximada de 18 huérfanas y huérfanos y en muchos casos, lamentablemente, porque estaban en el momento en que sus madres fueron asesinadas. Es común que las notas informativas mencionen a esta clase de víctimas secundarias sólo cuando atestiguaron los hechos, no porque se haya dado seguimiento a los casos de manera más profunda.

¿Qué seguirá cuando sepamos cuán grande es el problema? El paso más lógico a seguir sería una atención integral, desde lo psicológico hasta garantizar la educación, la salud y, sobre todo, la justicia.

La Ley General de Víctimas menciona en su artículo 51:

La víctima o sus familiares tendrán el derecho de recibir becas completas de estudio en instituciones públicas, como mínimo hasta la educación media superior para sí o los dependientes que lo requieran”.

Más adelante se habla de paquetes escolares y uniformes para garantizar su permanencia en el sistema educativo, así como de apoyo para que cursen la educación superior. Pero no se menciona algo al respecto de la salud, ni del apoyo psicológico o de alguna clase de apoyo económico a quienes ahora se hacen cargo de estas víctimas secundarias.

Elaboración propia con información hemerográfica.

Esto me hace pensar en el enorme reto que hay para atender a las niñas, niños y adolescentes que se han quedado sin sus madres a causa de los feminicidios, pero también por la desaparición y la trata de personas. Para atender a quienes en su persona han sido víctimas de delitos graves, como abuso sexual, explotación sexual o laboral. Este tema debería ser prioritario no sólo para el gobierno de Puebla, sino para los gobiernos de todos los estados y el federal.

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