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Salud por las mujeres

Mely Arellano Ayala
Fotografía tomada de quehagohoyibiza.com

A pesar de lo mucho que se difunde, desde las agencias internacionales y los gobiernos, la urgencia de incluir la perspectiva de género en todos los ámbitos, en la práctica sigue siendo un misterio para la mayoría de la gente. 

Hay quienes, por ejemplo, lo reducen a un uso -a veces hasta inadecuado- de lenguaje incluyente, hay quienes lo dan por sentado incluyendo la presencia femenina o quienes lo reducen a los “asuntos de mujeres”, entiéndase menstruación, embarazo, y todo lo que para una parte de la sociedad, digamos la parte tradicional, es de interés exclusivo de las mujeres.

Desde luego esto no debería ser así, la perspectiva de género es necesaria para garantizar la equidad entre un poco más de la mitad de la población mundial y los privilegios masculinos, quizás normalizados o poco visibles, pero reales.

Un área en la que urge la aplicación de la perspectiva de género -e incluso social, racial, etc.- es la de la salud. Un artículo del 2020, publicado en la revista biomédica MedWave, revela que:

“Pese a las diferencias a nivel bioquímico, genético, celular y fisiológico según sexo, muchos estudios muestran una baja o nula inclusión de poblaciones femeninas en la investigación biomédica, lo que pone en entredicho la validez externa de sus resultados”.

Y pone de ejemplo el uso de zolpidem, un fármaco que se receta para el insomnio, y que luego de varias reacciones adversas en mujeres se dieron cuenta que la dosis para las usuarias debía ser más baja respecto de la que se recomienda para los hombres.    

Quizás esta ausencia de investigación -que además es un tipo de discriminación- sea más visible en padecimientos o enfermedades de alta prevalencia en mujeres, como la endometriosis, que es cuando el tejido endometrial invade ovarios u otras áreas, que no tiene cura, solo tratamientos paliativos, que la padecen 1 de cada 10 mujeres en México (aunque la mayoría no lo sabe) y que puede ser discapacitante; o como la fibromialgia, las anemias, el dolor crónico, las enfermedades autoinmunes, las enfermedades endocrinológicas y el trastorno ansioso depresivo, que de acuerdo con el Instituciol Nacional de Salud Pública afectan más a las mujeres.

Ahora bien, esta pobre investigación médica está relacionado con la subrepresentación de mujeres en la ciencia, como lo ha reconocido la American Heart Association for Women, que se enfoca en enfermedades cardiovasculares, que “son la primera causa de muerte entre las mujeres”, aunque “a menudo, las mujeres no tiene mucha representación en las investigaciones científicas en general”.

“La existencia de modelos femeninos y la perspectiva de género en la investigación -dice el artículo antes citado de MedWave- permite, desde la formación académica, mayor interés, participación y validez de los resultados obtenidos”.

Incluso también la pandemia nos ha enseñado que si bien la COVID-19 afecta más a los hombres en general, somos las mujeres las que padecemos COVID persistente. Sobre las razones poco se sabe aún.  

Imagen tomada de documento El impacto del COVID-19 en la salud de las mujeres, unwomen.org

Las razones de este sesgo en la investigación biomédica tienen raíces antropológicas y sociales difíciles de resumir en unas cuantas líneas, pero -feminismo mediante- es una situación que irá mejorando. De hecho incluso el hecho de que la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) tenga por primera vez una rectora -con los asegunes de su agenda- es un mensaje poderoso para niñas y jóvenes. 

Sobre esto, la salud de las mujeres, así como el presupuesto, difusión e incentivos para incluirnos en la investigación biomédica estamos preparando un especial en LADO B que se comenzará a publicar en noviembre. Hablaremos de endometriosis, cáncer de mama, ovario poliquístico, menopausia y otros padecimientos con alta prevalencia femenina, pero también de mujeres investigadoras y sus presupuestos. Espérenlo.

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