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Ser mujer, joven y con discapacidad

Por Brenda Palacios
@OVIGEM 

En Puebla 55.5% de las personas con discapacidad son mujeres, además, este es el estado en donde hay una mayor proporción de gente joven con discapacidad (de 15 a 29 años), de acuerdo con datos del Inegi. ¿Cómo vive, entonces, una mujer joven con discapacidad en este lugar?

Dulce Belem Pérez Zavala, directora de Género Desarrollo e Interseccionalidad de la Secretaría de Igualdad Sustantiva del estado de Puebla, dice que uno de los problemas a los que se enfrentan las mujeres con discapacidad, sobre todo para acceder a la justicia, es la falta de certeza jurídica y la invisibilización de las violencias que viven.

“Por ejemplo, hay mujeres con asperger o con autismo que hablan sobre abusos que han vivido, pero no se les cree porque no tienen la noción del tiempo”, refiere Dulce Belem, licenciada en Ciencias de la Comunicación y estudiante de Derecho.

Fotografía de Karen Meza, publicada en El Popular.

Otro problema es que no tienen forma de comunicarse con las autoridades porque no hay intérpretes, tanto del lengua de señas mexicana (LSM) o de lenguas indígenas.

La discriminación es un factor más con el que las mujeres con discapacidad tienen que lidiar todos los días. Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017, casi la mitad de las personas con discapacidad (48%) considera que sus derechos no se respetan y, de hecho, casi la tercera parte (31%) afirmó que en los últimos cinco años se les negó algún derecho sin justificación.

“Ser mujer, joven y con discapacidad, puede implicar una doble o triple discriminación cuando se trata de encontrar trabajo. ‘Yo he ido a buscar trabajo y las palabras que utilizan los empresarios son: yo quiero una persona bien’”, relata Dulce Belem.

Discapacidad y perspectiva de género

En México, casi ocho millones de personas tienen alguna discapacidad. De esta población, las mujeres representan una mayor proporción (54.1%), en comparación con los hombres (45.9%). Además, la mitad (49.9%) son personas con 60 años o más, lo que se relaciona con el proceso de envejecimiento, el cual afecta a mujeres principalmente, pues tienen una mayor esperanza de vida.

La perspectiva de género ayuda a comprender de manera más profunda la vida de mujeres y hombres, y las relaciones que se dan entre ambos. Asimismo, permite identificar la discriminación, desigualdad y exclusión de las mujeres, para así, emprender acciones que actúen sobre los factores de género.

Dulce Belem señala que las fiscalías deben recolectar información desagregada, pero no sólo por sexo, también por condición. Es decir, tienen que indicar si las mujeres que llegan a denunciar  viven con discapacidad o pertenecen a grupos prioritarios.

Pero no sólo se debe aplicar la perspectiva de género en el acceso a la justicia, sino en todos los aspectos de la vida, como lo es la movilidad y infraestructura pública.

“Cuando nosotras como mujeres queremos subir una rampa nos lleva un doble esfuerzo (…) los sanitarios no están realmente adaptados para mujeres con discapacidad: sólo hay uno y que, además, no se usa de manera consciente pues suelen ocupar esos sanitarios para cambiar pañales a los bebés”, señala Dulce Belem.

Fotografía de Karen Meza, publicada en El Popular.

Desde el punto de vista de Dulce Belem hay acciones que la ciudadanía puede hacer para eliminar la brecha de desigualdad; por ejemplo: tomar conciencia sobre la discapacidad, respetar los espacios destinados a esta población (como los cajones en el estacionamiento, los sanitarios, lugares de acceso, etcétera) y tener empatía.

Sin embargo, desde el sector gubernamental se debe reforzar la sensibilización, educación, capacitación y empoderamiento.

Las principales problemáticas a las que se enfrentan las personas con discapacidad son calles, instalaciones y transportes inadecuados a sus condiciones, la falta de oportunidades para encontrar empleo y los costos en cuidados, terapias y tratamientos, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación: Pron-tuario de resultados, 2018.

Garantizar el derecho al cuidado 

Las secuelas de las enfermedades y la edad avanzada son las dos principales causas de discapacidad en la población. La dificultad para caminar y ver son las discapacidades más recurrentes para las personas adultas mayores.

Algunas de las discapacidades que prevalecen en mujeres son: dificultad para mover brazos o manos (19.9%);  dificultad para aprender, recordar o concentrarse (19.5%); atender el cuidado personal (15.2%), y los problemas emocionales o mentales (12.5%). 

Para hablar de la perspectiva de género en la discapacidad, no se debe perder de vista quién o quiénes cuidan a las personas con  discapacidad. Si bien todas las personas con discapacidad tienen derecho a recibir cuidados, ya sean especiales o permanentes, el problema con este tema es que existe una distribución desigual entre mujeres y hombres. Históricamente, las tareas de cuidado han sido realizadas casi exclusivamente por las mujeres, limitando su participación laboral y generándoles una sobrecarga de trabajo no remunerado.

De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional Sobre el Uso del Tiempo 2014, las mujeres dedican a las actividades de cuidado 28.8 horas a la semana; mientras que los hombres le dedican sólo 12.4. El tipo de cuidado al que más tiempo le dedican las mujeres es al de niñas, niños, adolescentes, personas enfermas o con alguna discapacidad. Para lograr la igualdad de género, el cuidado debe ser reconocido y redistribuido.

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