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La imagen de las mujeres en los medios de comunicación

Por Brenda Palacios
Primera parte

La participación de las mujeres en el campo de acción de la comunicación es un tema que ha estado presente en la agenda feminista desde, por lo menos, mediados de los años sesenta. Ya desde entonces se demandaba poner fin a la falsa imagen de las mujeres que se mostraba en los medios.

En 1990 durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe se decretó el Día Latinoamericano de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación, como un recordatorio de la urgencia de presentar imágenes de mujeres desprovistas de estereotipos y discriminación, además de instar a los medios a mostrar una diversidad cultural, étnica, social y económica que sea acorde a la realidad que vivimos y a los avances que se han logrado en materia de derechos humanos de las mujeres.

Otro encuentro importante es la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, de la que se desprende la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, un plan considerado el más progresista para la promoción de los derechos humanos de las mujeres, adoptado por México y otros 188 países, y en el que se establecen objetivos estratégicos divididos en 12 esferas consideradas cruciales.

La décima esfera, nombrada Apartado J. La mujer y los medios de difusión contiene un análisis de la situación de las mujeres en los medios, en el que se señala lo siguiente:

  • El número de mujeres que hacen carrera en el sector de la comunicación ha aumentado, sin embargo, son pocas las que han llegado a puestos de toma de decisiones y órganos que influyen en la política de los medios.
  • En la mayoría de los países los medios ofrecen una imagen desequilibrada de la diversidad de estilos de vida de las mujeres y de sus contribuciones a la sociedad.
  • Los productos violentos y degradantes o pornográficos que se presentan en los medios perjudican a las mujeres y su participación en la sociedad.
  • Los contenidos que insisten en presentar a las mujeres en papeles tradicionales pueden ser igual de restrictivos que los mencionados en el punto anterior.
  • Si se potencian los conocimientos teóricos y prácticos de las mujeres, así como su acceso a las tecnologías de la información, será posible el aumento de su capacidad para luchar contra las imágenes negativas y su oposición a los abusos de la industria de los medios.
  • Es necesario instaurar mecanismos de autorregulación en los medios y fortalecerlos, así como idear métodos para erradicar los programas con sesgo de género.
  • Las mujeres de países «en vías de desarrollo», al carecer de acceso efectivo a servicios de red electrónicas, no pueden crear espacios que les ofrezcan nuevas fuentes de información.
  • Es necesario que las mujeres intervengan en la adopción de decisiones sobre el desarrollo de las nuevas tecnologías para participar de manera plena tanto en su expansión como en el control de su influencia.
  • Es importante que los gobiernos y otros sectores fomenten una política activa y visible de incorporación de una perspectiva de género en sus políticas y programas.

Además de exponer un análisis, se proponen dos objetivos principales, uno es el aumento del acceso de las mujeres y su participación en la expresión de sus ideas en los medios de difusión y otro, el fomento de una imagen equilibrada y no estereotipada de las mujeres en los medios.

Para el cumplimiento de los objetivos se establecen medidas que han de adoptar los gobiernos o los mecanismos nacionales, los sistemas de difusión nacionales e internacionales, organizaciones no gubernamentales, las asociaciones profesionales de difusión, medios y organizaciones de publicidad. De todo ese conjunto de medidas, destacan:

  • Aumentar el número de programas destinados a las mujeres y realizados por mujeres con el fin de que sus necesidades y sus problemas se traten de forma apropiada.
  • Elaborar mecanismos reglamentarios que permitan a los medios presentar una imagen equilibrada y diferenciada de las mujeres y que, además, fomenten su participación en la producción y adopción de decisiones.
  • Estimular la creación de grupos que vigilen el quehacer mediático (como lo hace el OVIGEM) y celebrar consultas con ellos para velar por que los problemas y las necesidades de las mujeres se reflejen de forma apropiada.
  • Fomentar una capacitación de las y los profesionales en los medios, incluidas las personas propietarias y que administran, para que tomen en cuenta los aspectos relacionados con el género, esto con el fin de alentar la creación y el uso de imágenes no estereotipadas, equilibradas y diferenciadas de las mujeres en los medios.
  • Alentar a los medios a que se abstengan de presentar a las mujeres como seres inferiores y de explotarlas como objetos sexuales y/o de consumo y en su lugar, presentarlas como seres humanos creativos, agentes principales, contribuyentes y beneficiarias del proceso de desarrollo.
  • Producir y/o difundir materiales mediáticos en los que se muestre a las mujeres como líderes que asumen sus posiciones de liderazgo con experiencias muy diversas, para servir de modelos, particularmente para las jóvenes.
  • Fomentar campañas de amplio alcance para difundir información y concienciar acerca de los derechos humanos de las mujeres.

Como vemos, las propuestas se centran en la idea de que mientras más mujeres estemos involucradas activamente en el campo de acción de la comunicación, nuestros problemas y necesidades serán abordados desde una perspectiva más adecuada, porque ¿Quién puede tener más autoridad que nosotras las mujeres para hablar de nuestras inquietudes, para indagar en nuestras vidas, para visibilizar las dificultades a las que nos enfrentamos y para plantear las posibles soluciones?

La participación activa de las mujeres es clave para cambiar las narrativas tradicionales, es verdad. Necesitamos representaciones de mujeres que ya existen en la vida cotidiana, pero que siguen sin aparecer en los medios porque la mayoría de estos, al estar en manos de hombres, atienden mayoritariamente a una visión masculina, lo que resulta en una pérdida enorme de relatos distintos y de otras formas de ver el mundo.

Pero participar activamente no es una tarea fácil cuando las mujeres partimos desde una desigualdad estructural, sin gozar todas, o muy pocas en realidad, de las mismas oportunidades para insertarnos y desenvolvernos en el ámbito público. Tampoco es sencillo cuando actores clave para el avance de las mujeres en los medios como lo son el Estado, los concesionarios de servicios de telecomunicaciones, las personas propietarias y administradoras de los distintos medios e incluso, las y los profesionales de la comunicación se niegan a reconocer su responsabilidad en lo que transmiten o que el derecho a la comunicación y a la información de las mujeres no es un capricho o una moda, sino un tema de derechos humanos.

Aunque en México existe un amplio marco normativo en el que se llama a procurar la igualdad entre mujeres y hombres y la no discriminación basada en el género en los equipos operativos y los contenidos de los medios, no hay claridad en cuanto a su regulación o las sanciones que pueden adquirir por no cumplir con estos principios.

Así que el avance de las mujeres en el campo de acción de la comunicación, al igual que en otros espacios como el político o el de la salud, ha sido lento y nada uniforme y, por supuesto, no es el resultado de dádivas de los actores ya mencionados sino del trabajo de mujeres organizadas.

*En la segunda parte de este texto ahondaré en los ejemplos de esfuerzos de mujeres organizadas, estereotipos y lo que implican los análisis de contenido.

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